Claudio Villagra, delantero del Club Atlético Banfield y oriundo de Despeñaderos, habló con la Revista Puente sobre cómo es ser jugador de fútbol profesional. Metas, sacrificios y objetivos de un sueño de primera.

29 de Agosto de 2017

¿Quién no conoce a un niño que sueñe con ser jugador de fútbol profesional, salir en la tele y hacer muchos goles? Es un deseo bastante recurrente en los niños pequeños que disfrutan de un deporte tan pasional como lo es el fútbol. Claudio no era una excepción a esta regla.

Desde niño jugaba al futbol y sus primeros partidos los disputó en la cancha chica del bajo de Alianza. Después, cuando era un poco más grande trasladó sus gambetas a Malvinas Argentinas de Alta Gracia. Con el paso del tiempo su pegada se hizo más fuerte y sus partidos en tierras cordobesas terminaron allí, en Deportivo Norte de la ciudad del Tajamar. Poco a poco su sueño iba tomando forma. En Alta Gracia culminó su formación para emigrar a Buenos Aires.

Con 13 años llego a la “gran ciudad”, con un bolso lleno de ilusiones le hacía compañía junto a un par de goles que no se harían esperar. Llegó a Banfield cuando el equipo estaba en la Primera B Nacional. En la pensión la estadía le fue más llevadera gracias a otros chicos cordobeses que compartían el sueño y el día a día.

Y así, a los 16 años lo convocaron para hacer su primera pretemporada con Banfield, bajo la conducción técnica de Garnero. El sueño del pibe empezaba a hacerse realidad.  El primer contrato tampoco se hizo esperar: “Me acuerdo que hice novena división y octava y venía bien haciendo goles. Estaba acá en Córdoba de vacaciones y pensaba que iba a volver en séptima al año siguiente, volvía a las inferiores, contento porque había hecho un buen año. Pero me llaman antes, y me dicen: -tenés que venirte antes para ir de pretemporada con la primera-. Llego allá, voy a pretemporada y ahí nomás me hicieron firmar el contrato. El primer sueldo ni me acuerdo en que lo habré gastado. Me acuerdo que guardaba y mandaba para acá para mi familia. Y por ahí, nos dábamos un ‘chiche’ y bueno ¡vamos a comprar ropa! nos decíamos.”

A los 17 debutó como profesional bajo la conducción técnica de Matías Almeyda. El momento tan esperado se hizo realidad el 7 de mayo de 2014 contra Aldosivi por Copa Argentina; Claudio entró a los 74 minutos en reemplazo de Chetti. 

El 1º de noviembre  Banfield enfrentaba de visitante a Rosario Central. En la jugada que abrió el marcador para Banfield, Villagra asistió a su compañero Simeone que cambió la pegada por gol. Y después de eso, el primer gol de Claudio en primera apareció para darle la victoria a Banfield por 2 a 1. “El gol más lindo” según recuerda: “Es único, lo más lindo. La primera vez que jugué de titular justo hice el gol pero también hice el centro”. Vivas, el técnico de turno, le dijo: “no quiero que hagas un gol, no quiero que hagas centros, nada. Solamente quiero que marques al 4 que era Salazar.” Contaba Claudio mientras recordaba aquel glorioso momento: “Yo entre con ese pensamiento en la cabeza, y dije el 4 no puede pasar ni una vez. Y cuando hago el primer centro ¡uy que hice! dije, no lo podía creer. Y cuando hice el gol te explota todo, te llegan 500 imágenes a la cabeza.” 

Con Nelson  Vivas  fue el técnico con quien más juego;  hoy está bajo el mando del entrenador Cesar Falcioni. A pesar de los altos y bajos en su participación en primera, debido a los cambios en el equipo técnico, Claudio es el primer despeñaderense en jugar la categoría máxima del fútbol argentino.


SU PASIÓN POR EL FÚTBOL

Claudio se define como: “Un jugador rápido, sacando diferencia en la velocidad y tratando de desbordar, tirar centros y diagonales. Un jugador desequilibrante en ataque y en velocidad”. Pese a sus logros y al lugar en el que hoy se desempeña, su actuar demuestra  sencillez y  humildad.

Entre mates, nos hace notar su simpatía con Talleres de Córdoba. Sin embargo, afirma que le gusta mucho el futbol europeo y que le encanta el Real Madrid. Su ídolo es Cristiano Ronaldo, “de chico lo miraba y me gusta como juega”

Claudio siempre tuvo en claro qué quería ser y también lo duro que puede ser el camino que hay que transitar si se quiere llegar. Sabe del trabajo, de estar lejos de la familia, del esfuerzo y de las trabas que hay en el proceso si se quiere llegar al sueño.

Llegó a un equipo que ese año jugaba en la “B”, de presupuesto reducido, sin embargo nada lo apabulló. Transitó con éxito las divisiones inferiores, llegó a primera pero aún así entrena como el primer día y más. “Es durísimo el camino, hay que trabajar y entrenar mucho, ese es la única forma de llegar”- nos contaba Villagra. Sueña con afianzarse en primera y jugar en algún club europeo, pero tiene bien en claro que todo se logra en base a una sola cosa, “esfuerzo”. “Con el esfuerzo se puede todo. Tener claro el objetivo. Querer algo e ir a buscarlo”- afirma el jugador de Banfield.


CÓMO ES VIVIR LEJOS DE LA FAMILIA

Claudio, con apenas 13 años se fue de su casa a otra provincia a “probar suerte”, ya que en el futbol nada está dicho. A pesar de ser tan chico su pasión y sus objetivos estaban claros: “yo quería jugar y jugar. Sí me llamaban de la China yo me iba a ir”- recordaba el delantero. 

La vida en pensión fue agradable para él porque pudo hacerse amigos y entre todos se acompañaban y apoyaban. Explicaba que la familia siempre se extraña pero que llegó a forjar amistades con chicos de todo el país,  incluso de Córdoba, y en ellos encontraba la contención que necesitaba. “Nos iba bien y estábamos contentos”. A pesar de eso, cuando Banfield descendió a la “B” Nacional, la vida en pensión se complicó un poco, ya que “todo depende de cómo esté el equipo de primera”

Las personas que lo conocen lo describen como un “tipo familiero” por eso Claudio nos decía que siempre que tiene un tiempo libre viaja a Despeñaderos para poder disfrutar de la familia y de los placeres que le otorga su pueblo natal. “El pueblo es lindo porque hay una paz que en Buenos Aires no, así que me gusta venir para acá”- comentaba Claudio. Además afirma que ahora piensa diferente a cuando era chico: “mientras pasan los años me doy cuenta de que se extraña más  a la familia”.

Se describe como una persona “muy reservada” que no le gusta demostrar que está mal, sin embargo, confiesa que el pilar fundamental es su familia y que por eso disfruta mucho de venir a Despeñaderos. El pueblo le brinda esa paz y tranquilidad que la gran ciudad ha perdido desde hace tiempo. El lugar que lo vio nacer es  su preferido para descansar y hacer ejercicio; “me gusta salir a correr por acá, ese aire puro y fresco que no hay en Buenos Aires”- explicaba con una sonrisa.



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